Cada ciudad tiene alguna característica que la hace única, muchas veces se trata de alguna construcción icónica como la

torre Eiffel en Paris o el Empire State en Nueva York y otras veces es la naturaleza la que pone su firma a la urbe, como Venecia que no sería Venecia sin sus canales o Londres sin su río Támesis.

En nuestro caso de hoy, vamos a hablar de la Sultana del Ávila, como se le conoce también a Caracas, que no puede explicarse sin SU montaña que la enmarca.

Cuando a Manuel Cabré le preguntaban la razón de por qué pintaba el Ávila, el simplemente respondía que él pintaba a Caracas, y que la montaña estaba allí. 

Y es que resulta imposible pensar en una sin la otra. 

Y aunque el nombre oficial de la montaña pueda cambiar, para los caraqueños siempre será el famoso cerro que inspirara a Ilan Chester en los 80’s cuando iba de Petare rumbo a la Pastora.

El abuelo de mi esposa, que se convirtió también un poco en el mío, llegó a Venezuela a finales de los 50 como muchos miles de europeos que llegaron a esta “Tierra de Gracia” por distintos motivos. En su juventud recorrió todas las montañas de su Cataluña natal y era un escalador natural, pero se enamoró, también como miles de aventureros, de esa mágica montaña que le permitía a distancia de a pie dejar el bullicio de la metrópolis y encontrarse con la naturaleza para volver a almorzar en su casa y continuarla disfrutando desde la ventana de la cocina mientras fregaba los platos.

Son numerosos los senderos que recorren el hoy llamado “Parque Nacional Waraira Repano” cuya cordillera está conformada por distintos picos siendo el más alto de todos ellos El Naiguatá, siguiendo por el Occidental, el Oriental y el propio Ávila, rebautizado, pero nunca cambiado, con el icónico hotel Humboldt recientemente recuperado.

La sensación de subir a la montaña y de llegar a “La Fila Maestra”, camino que recorre el vértice de la cordillera, y poder sentir el viento que sube del mar a un lado y disfrutar de la vista de Caracas del otro es uno de los recuerdos más entrañables que tengo de mis años en Caracas.

En su próxima visita a la capital no dejen de visitarlo, lo pueden hacer desde el teleférico de Maripérez o si son más de naturaleza y les gusta la aventura contacten a los amigos de @acamparavila para que organicen una de sus variadas rutas. Si no se atreven a ninguna de las dos, siempre podrán hacer como una amiga de Caracas que sabe que su día va a ser genial cuando contempla la montaña desde la autopista, los matices se los dejamos al Ávila.