A pocos días de cumplirse el próximo jueves ese centenar de jornadas dirigiendo el país, el presidente de Estados Unidos anunció que se habían administrado 200 millones de dosis de vacunas contra la covid-19.

El 27% de la población está completamente vacunada, lo que se traduce en algo más de 90 millones de personas (sobre una población total cercana a los 330 millones). El país americano supera los 570 mil fallecidos por covid-19.

Biden ha superado sus objetivos respecto a la vacunación porque ninguna de las fechas que anunció llegó a su plazo límite. Si el mandatario aseguró nada más asumir el poder que habría 100 millones de personas vacunadas en sus primeros 100 días en la Casa Blanca, ese hito se producía en el 58º día de su mandato. “Cuando llegué al poder, tan solo el 8% de la población estaba vacunada”, dijo el mandatario cuando informó el miércoles 21 de abril  sobre los 200 millones de personas que ya habían sido inoculadas. 

La última medida que el mandatario ha puesto en marcha para animar a la población a vacunarse es un crédito fiscal para los gastos de los permisos necesarios de vacunación de los empleados de empresas y negocios de menos de 500 trabajadores.

La receta del éxito de Biden está en que el mandatario reforzó las ayudas a los Estados, multiplicó los centros de vacunación federales y apostó por la red de farmacias de proximidad. 

El programa económico de Joe Biden en los primeros 100 días de gobierno, demuestra en su propuesta de reforma fiscal, para hacer rendir cuentas a las multinacionales -incluidas las grandes tecnológicas- que durante años han esquivado el pago de impuestos federales, y lograr financiación para sus programas.

Tras su declaración de intenciones -el plan de rescate de la pandemia, de 1,9 billones de dólares (unos 1,6 billones de euros), aprobado por el Congreso en marzo-, la Administración demócrata quiere modernizar EE UU mediante un colosal plan de infraestructuras, con inversiones de dos billones de dólares a ocho años para generar millones de empleos. La reforma fiscal será, si logra la aprobación del Congreso, el instrumento para lograrlo.

El objetivo último de su política es combatir de raíz la pobreza infantil y, por ende, una desigualdad social sistémica; los dos planes (el rescate y el programa de infraestructuras) incluyen numerosas iniciativas al respecto. La principal diferencia entre ambos reside en la financiación: con cargo al presupuesto federal el primero, lo que aumentará el endeudamiento; dependiente de contribuyentes el segundo.

Mediante la proyectada reforma fiscal, que pretende subir el impuesto de sociedades del 21% al 28%, el presidente no solo aspira a recaudar 2,5 billones de dólares en los próximos 15 años para financiar su exhaustivo programa de reconstrucción, sino cambiar las reglas del juego.

El principal temor es un repunte de la inflación, que hasta ahora, gracias a la intervención de la Reserva Federal (Fed), se ha mantenido a raya. “El déficit se elevará a 3,5 billones de dólares, una cifra récord, y esperamos que el crecimiento del PIB pueda superar el 7% este año [el 6,5, según la Fed]; esto solo ha sucedido tres veces en los últimos 70 años. 

La reapertura de EE UU al mundo  ha recorrido en los 100 primeros días de mandato de Joe Biden varias estaciones con una clara apuesta por el multilateralismo. Las sanciones a Rusia por su injerencia electoral y un ciberataque masivo; la retirada definitiva de las tropas de Afganistán y el diálogo para reanimar el pacto nuclear con Irán, que EE UU abandonó en 2018, han marcado este periodo de gracia, tanto como el fiasco de la primera reunión bilateral, de tanteo, con China.

Además, Biden ha buscado en la reciente cumbre climática internacional recuperar el liderazgo para EE UU con un ambicioso plan de reducción de emisiones.

Este jueves día que cumple los 100 días en el poder, estará en el estado de Georgia que fue bastión en el conteo electoral para su llegada a la Casa Blanca.