Al finalizar la Santa Misa en la Conmemoración del Ingreso del Señor Jesús a Jerusalén, que marca el inicio de la Semana Santa, el Santo Padre Francisco rezó el Ángelus dominical.  Antes de ello, hizo presente que es la segunda vez que la vivimos en el contexto de la pandemia: “el año pasado estábamos más conmocionados, este año estamos más probados, y la crisis económica se ha hecho más pesada”, dijo. “En esta situación histórica y social, ¿qué hace Dios?” preguntó.  Y respondió: 

Toma la cruz. Jesús toma la cruz, es decir, asume el peso del mal que implica dicha realidad, el mal físico, el psicológico y sobre todo el mal espiritual, porque el Maligno aprovecha las crisis para sembrar la desconfianza, la desesperación y la cizaña. 

“¿Y nosotros? ¿Qué debemos hacer?”, preguntó aún el Papa. 

Nos lo muestra la Virgen María, la Madre de Jesús, que es también su primera discípula. Ella siguió a su Hijo. Ella asumió su propia cuota de sufrimiento, de oscuridad, de desconcierto, y recorrió el camino de la pasión, manteniendo la lámpara de la fe encendida en su corazón. Con la gracia de Dios, nosotros también podemos hacer este camino. 

A lo largo del Vía Crucis cotidiano – continuó – nos encontramos con los rostros de tantos hermanos y hermanas en dificultad: 

No pasemos de largo, dejemos que nuestro corazón se mueva a compasión y acerquémonos. En este momento, como el Cireneo, podemos pensar: «¿Por qué justamente yo?». Pero luego descubriremos el don que, sin merecerlo, se nos ha concedido. Que nos ayude la Virgen, que siempre nos precede en el camino de la fe.

El Papa invitó en esta Semana Santa a levantar “nuestra mirada hacia la cruz para recibir la gracia del estupor” y relató que San Francisco de Asís mirando al Crucificado se asombraba de que sus frailes no llorasen.

“Y nosotros, ¿somos capaces todavía de dejarnos conmover por el amor de Dios? ¿Por qué hemos perdido la capacidad de asombrarnos ante él? Tal vez porque nuestra fe ha sido corroída por la costumbre. Tal vez porque permanecemos encerrados en nuestros remordimientos y nos dejamos paralizar por nuestras frustraciones. Tal vez porque hemos perdido la confianza en todo y nos creemos incluso fracasados. Pero detrás de todos estos ‘tal vez’ está el hecho de que no nos hemos abierto al don del Espíritu, que es Aquel que nos da la gracia del estupor”, afirmó.

Al final de la alocución el Santo Padre Francisco llamó a rezar “No pasar de largo ante los hermanos en dificultad, por todas las víctimas de la violencia, especialmente por las del atentado ocurrido esta mañana en Indonesia frente a la catedral de Makassar”. Allí al menos 14 personas resultaron heridas en el atentado suicida al final de la misa del Domingo de Ramos.

“Hermanos y hermanas, hoy Dios continúa sorprendiendo nuestra mente y nuestro corazón. Dejemos que este estupor nos invada, miremos al Crucificado y digámosle también nosotros: ‘Realmente eres el Hijo de Dios. Tú eres mi Dios’”, concluyó el Papa.