El cardenal Giovanni Angelo Becciu, uno de los personajes de mayor rango dentro del Vaticano, renunció inesperadamente a su puesto y a su título, según anunció el jueves la Santa Sede.

El papa Francisco obligó al italiano Angelo Becciu, acusado de malversar 100.000 euros, a renunciar como prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, uno de los más altos puestos en la curia romana.

El escándalo financiero que derribó al cardenal Angelo Becciu, aumentó el viernes 25Sep con pruebas de que envió al menos 100.000 euros de fondos del Vaticano y de la Iglesia italiana a una organización benéfica controlada por su hermano, pero Becciu negó haber hecho algo malo, mucho menos de carácter penal.

Durante una conferencia de prensa, un día después de que el papa Francisco lo despidiera y le quitara sus derechos y privilegios como cardenal, Becciu dijo que su salida fue «surrealista”, pero que tenía la conciencia limpia.

El clérigo había acudido a la residencia papal para una reunión programada para analizar posibles candidatos a la canonización, cuando el pontífice le dijo que había documentos de la policía financiera italiana que alegaban que él había malversado 100.000 euros de dinero de El Vaticano.

El nombre del cardenal surgió en un escándalo financiero que tiene que ver con inversiones de la Santa Sede en una empresa inmobiliaria de Londres, pero Becciu dijo que su destitución se debió a una denuncia de malversación, reportada por primera vez por la revista de noticias L’Espresso el viernes. .

Becciu, el exnúmero 2 en la secretaría de Estado del Vaticano, admitió que envió el dinero del fondo de activos de la oficina en 2017 a su diócesis de origen en Ozieri, Cerdeña, para trabajos caritativos. El hermano de Becciu, Tonino Becciu, es el representante legal del brazo caritativo de la diócesis, Spes Cooperative.

Becciu dijo que Francisco le pidió que renunciara como prefecto de la Congregación para las Causas de Santos del Vaticano durante una reunión «problemática” de 20 minutos el jueves por la noche, en la que el Papa dijo que «ya no confiaba en mí”.