Luis Alberto Perozo Padua

Periodista y escritor

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En Twitter @LuisPerozoPadua

El afluente fue conocido en un primer momento como Zanjón de Cárdenas y Zanjón Bolívar, también como de la Santísima Trinidad. Era una vertiente de agua natural con propiedades medicinales

Ha sido un misterio centenario el topónimo del afluente que atraviesa el ancestral Puente Bolívar, ubicado en la carrera 17 entre calles 21 y 22 de Barquisimeto. Cronistas y viajeros no registraron tal nombre en sus apuntes, por lo que hoy es un enigma y un vacío en la historia local.

Citando al cronista Dr. Omar Garmendia, “En realidad el zanjón que pasa por debajo del puente Bolívar no es una quebrada, sino una cañada que se originó de las aguas que se escurrían de una fuente, posiblemente utilizada por los antiguos indígenas de la localidad”.

Añade el investigador que a pensar que la meseta donde se mudó Barquisimeto en su último traslado era una superficie lisa y sin accidentes orográficos, existían muchas hondonadas en su relieve aluvional, sobre todo hacia el borde sur de la ciudad. 

Antes de construirse el antiguo puente de la Santísima Trinidad en 1806, llamado después Bolívar, sobre el llamado Zanjón de Cárdenas, este era mucho más extenso de lo que se conoce hoy, apunta Garmendia.

De acuerdo con el extinto cronista de Barquisimeto Ramón Querales (2010), el zanjón o barranco que nos ocupa se extendía desde las cercanías de la calle 24 a lo largo de la carrera 17 hasta un poco más allá de la calle 21. 

Para construir el puente sobre el zanjón, que originalmente era de madera, se tuvo que rellenar toda la zona para que los bordes se unieron con el puente, asienta Garmendia. 

Ricardo Valecillos, cronista de la parroquia Concepción de Barquisimeto, converge que la primera denominación que recibió este pequeño afluente fue Zanjón de Cárdenas y, en algunas escrituras de los solares vecinos de la ciudad, aparece con el nombre de Zanjón Bolívar.

Destrucción de las aguas 

El arquitecto Carlos Jara, diseñador y ejecutor del Parque San Juan Bautista de la Salle, encontró allí tres manantes de agua con propiedades medicinales, lamentablemente se colocó en su lado occidental un colector de aguas servidas, subraya el cronista Valecillos.

La fuente de agua que manaba desde su origen sirvió de sitio de baños y diversión de los barquisimetanos, coincidiendo ambos cronistas, tanto Garmendia y Valecillos, que la destrucción de la fuente de agua se originó el día en que hicieron descargar aguas cloacales desde la antigua cárcel o asilo de ancianos y el Cuartel de Policía, que construyó el presidente Eustoquio Gómez al lado del Palacio de Gobierno, por la carrera 19.

Todavía en el Parque Concha Acústica o San Juan Bautista de la Salle hay manantiales, que incluso la gente del lugar se abastece del líquido cuando falla por las tuberías (que es siempre). 

Garmendia precisa que justo detrás del Colegio Diocesano hay otro manantial, así como en la Pila Lara, por tal razón persisten los hundimientos y fallas de borde en la avenida Uruguay y sus periferias. Sin embargo, persiste el desconocimiento de su primitivo nombre indígena, posiblemente un hidrotopónimo.

Zanjones por doquier

Existían otros zanjones en la parte más interna de la meseta. Algunos fueron rellenados y otros permanecen más o menos intactos, explica el cronista Garmendia, como los que subsisten al sur del Colegio Inmaculada Concepción y del Mercado San Juan. 

El del Colegio Inmaculada se abrió en el momento del Terremoto de 1812, como lo atestiguan antiguas escrituras. También están los zanjones de El Campamento y el Zanjón Barrera, que comenzaba desde la carrera 19 con calle 13, lo que puede observarse en la actualidad. Igual sucede con el zanjón de drenaje de la laguna de Los Muertos, desde la carrera 19 entre calles 10 y 11, en el puente Libertador, cerca del Rectorado de la UCLA. 

Lo del relleno del Zanjón de Cárdenas explica la necesidad de comunicación y extensión de la ciudad hacia el norte y el este, por el obstáculo natural que hacía obligatorio dar un gran rodeo para poder pasar hacia el barrio de Paya (hoy zona de Altagracia) y por eso nació la necesidad de construir el puente de la Santísima Trinidad.

Un puente para el zanjón

La construcción del puente de la Santísima Trinidad se concluyó en el año 1806. Bartolomé Rodríguez fue el alarife que ejecutó los trabajos y don José Álamo el director de la obra. Un total de 1.540 pesos de las Reales Rentas, se invirtieron para ejecutar los trabajos, mandados a entregar por la audiencia de Caracas el 17 de enero de 1805. A mediados del siglo XIX el puente fue arrastrado por una creciente y durante años volvió a la antigua estructura de madera.

En 1821, el pueblo confeccionó un arco alegórico sobre el cual pasó El Libertador Simón Bolívar durante su visita a Barquisimeto. De allí en adelante los parroquianos bautizaron la esquina con el nombre de «Arco de Bolívar».

En 1842 el gobernador general Juan Jacinto Lara, héroe epónimo, le cambió el nombre y fue bautizado como Puente Bolívar, como se le conoce actualmente. Para 1850 el gobernador Martín María Aguinagalde, restauró el puente contratando al especialista Julio Couput, quien desarrolló los trabajos junto a los presos, como señala la “Gaceta de Barquisimeto” del 30 de octubre de aquel año.

El 14 de julio de 1882 el gobernador general Jacinto Fabricio Lara, hijo del epónimo, decretó la reedificación del puente “porque él desperfecciona por completo la calle del Ilustre Americano (hoy carrera 17) y ya porque es incompatible con el progreso de la ciudad, tan peligrosa ruina a inmediaciones de la Plaza de la Catedral”, hoy plaza Lara.

En tiempos de Cipriano Castro, en 1907 el gobernador general Santiago Briceño Ayesterán solicitó fondos para trabajos de recuperación del puente Bolívar dirigidos por el ingeniero del estado Antonio J. Insausti. En 1961, el arquitecto Carlos Jara, durante la administración del gobernador Eligio Anzola Anzola, realizó trabajos de refacción en el puente que ya carecía de toda armazón colonial.