Los datos del FMI apuntan a que la economía mundial no regresará a los niveles anteriores a esta crisis antes de que termine 2021, y lo harán a hombros de China y que la Unión Europea y EE. UU. tendrán que esperar al menos hasta 2022, en el caso de la región latinoamericana, la más afectada por la crisis, la recuperación no llegará hasta 2023.

De las más de 17 millones de infecciones reportadas globalmente desde la aparición del virus en China en diciembre, Latinoamérica y el Caribe es la zona del planeta que acumula el mayor número: 4,6 millones. Además, suma más de 192.000 decesos de los más del total de 668.000 registrados, según un conteo en base a cifras oficiales.

Según la Cepal y la OPS, el golpe es mayor, dado que los países son particularmente vulnerables por sus altos niveles de informalidad laboral (54% del empleo), pobreza y desigualdad, y por la fragilidad de sus sistemas de salud y protección social. Además, sufren de hacinamiento urbano, falta de servicios básicos como el agua y problemas ambientales.

Las economías de Estados Unidos, de los socios de la Unión Europea y del Reino Unido han suavizado su caída a medida que han puesto en marcha multimillonarios planes de estímulos fiscales, así como por la aparición de las nuevas vacunas contra la covid-19 que ya están siendo aprobadas por sus respectivos organismos regulatorios y han permitido el inicio de campañas de vacunación entre sus poblaciones.

En la última revisión de sus perspectivas macroeconómicas globales de octubre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) avanzó que tras los desplomes a dos dígitos de la mayoría de las economías, la de China será la única entre las grandes que crezca este año, en concreto el 1,9 %, y para 2021 su ritmo de expansión del PIB superará el 8 %.

«El principal perdedor diría que ha sido América Latina», apunta el director de Coyuntura y Análisis Internacional de Funcas, Raymond Torres.

Agrega que «son estados más débiles», con poblaciones más envejecidas, con amplias desigualdades que complican detener los contagios, además de que las economías de América Latina también dependen en mayor medida de servicios de contacto, por ejemplo, del turismo en la parte del Caribe y, por tanto, con un peso en la industria muy inferior.

En octubre el FMI mejoró sus perspectivas para la región tras la profunda contracción del segundo semestre aunque pronosticó un descenso de su economía del 8,1 % este año, 1,3 puntos menos que en sus cálculos de junio, pero empeoró las de 2021 con un crecimiento en la región en el 3,6 %, frente al 3,7 % que pronosticó en junio.

Esta misma semana, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) mejoró esa estimación del FMI y una suya anterior y situó la contracción de la economía de la región en el 7,7 % para este año.