Lecturas de papel: Triunfo de la civilidad sobre el totalitarismo

La jornada electoral de este pasado domingo, 16 de julio, deja una absoluta y clara enseñanza: la vocación civilista de la sociedad venezolana. Eso es incuestionable. Lo otro que es necesario recalcar: la innecesaria presencia de militares inmiscuyéndose en actos políticos de civiles. Se demostró que ellos sobran.

He creído conveniente traer a colación, parafraseándolo, el título de la obra de ese prohombre que fue Juan Germán Roscio (1763-1821) El triunfo de la libertad sobre el despotismo (1817), porque con Roscio se inicia el tránsito de la afirmación de la consciencia cívica en la formación de la cultura democrática venezolana.

Obra cumbre del pensamiento liberal de emancipación intelectual, donde la Razón se erige como lógica de vida en las nacientes repúblicas latinoamericanas.

Y a doscientos años de su publicación el pensamiento de este eminente jurisconsulto sigue vigente, reafirmando la supremacía de la civilidad sobre todo acto despótico/totalitario que busca imponer un único sistema de pensamiento ideológico-político en nuestra sociedad.

Los ciudadanos venezolanos hemos dado al mundo una lección de civismo y sobre todo, de cultura democrática. Con ello se han derrumbado los falsos míticos y creencias que hacían aparecer a los venezolanos como personas sin mayor cultura política, indiferentes e irresponsables.

Con las más terribles restricciones, tanto de prohibiciones jurídicas, amenazas de paramilitares, censura a los medios de comunicación, entre otros impedimentos, la sociedad venezolana, cívicamente, y en apenas 11 días, se desbordó tanto dentro del país como en  el resto de los cinco continentes, para lograr sobrepasar una participación de 7,6 millones de venezolanos.

Semejante hecho quedará registrado en los futuros análisis de sociología política, derecho comparado y construcción de constituciones para establecer sociedades y gobiernos republicanos y democráticos. Y sobre todo, la gobernabilidad y respeto a los derechos políticos de los ciudadanos. Porque lo vivido en Venezuela es un acto de desobediencia/protesta cívica, activa, pacífica y participativa.

Esto que ocurrió, si bien es consecuencia de una situación puntual que lleva poco más de cien días con la población venezolana en protesta continua. Amparada en los artículos 333 y 350 constitucionales. Respaldado esto por la Asamblea Nacional y denunciado el Ejecutivo nacional, por parte de la Fiscalía General de la República, como responsable del rompimiento del “hilo constitucional” al emitir el Tribunal Supremo de Justicia dos contradictorias sentencias; es producto de una práctica de la vida republicana y democrática, y forma parte de la consciencia política del ciudadano venezolano. Esa es su fortaleza que lo marca en su tradición de herencia libertaria.

La sociedad organizada es la real y verdadera protagonista de este hecho inédito, tanto en Venezuela como el resto del mundo. Comparable a las jornadas vividas en los Estados Unidos de Norteamérica en las luchas por los derechos civiles. O las protestas pacíficas en la India por su independencia. O en los días cuando la sociedad sudafricana se levantó para protestar contra el apartheid.

La humanidad está observando lo que ocurre en la Venezuela del siglo XXI donde sus ciudadanos han levantado una muralla de siete millones seiscientas mil almas defendiendo la civilidad, los derechos humanos, y denunciado al totalitarismo/militarismo de Estado y su despotismo al querer imponer, sea por elecciones amañadas o “con las balas” un pensamiento único, un socialismo/comunismo tropicalizado y lleno de arbitrariedad, corrupción y evidente tiranía.

Son días difíciles, duros y trágicos. Pero gradualmente y en la calle, la ciudadanía va imponiendo la razón y lógica de una racionalidad democrática que terminará de espantar y desaparecer todo rastro de totalitarismo/militarismo, y arbitrariedad malandra y mafiosa de unos sujetos que terminarán juzgados y sentenciados en los tribunales de justicia.

Jamás en Venezuela triunfará la mentalidad totalitaria sobre la tradición republicana y civilista de los ciudadanos.

Por: Juan Guerrero / @camilodeasis 

camilodeasis@hotmail.com