Lecturas de papel: Ciudadanía activa

La Venezuela de los ciudadanos solidarios está en todas partes. Son personas comunes. Amas de casa, señores de la tercera edad, y muchos jóvenes que de manera entusiasta se agrupan para practicar el voluntariado.

En cada estado, en cada gran ciudad están esos venezolanos solidarios ejerciendo la ciudadanía activa. Unos ejercen el voluntariado para enfrentar la aberrante desnutrición infantil.

Estos jóvenes, la mayoría universitarios, aplican sus conocimientos que han adquirido en su proceso de profesionalización. Aprenden a gerenciar mientras lideran grupos de trabajo.

Otros ciudadanos dirigen sus esfuerzos a través de organizaciones religiosas. Estos jóvenes, y no tanto, junto con vecinos, coordinan esfuerzos en su lucha para preservar el medio ambiente. O para rescatar y dar albergue a pordioseros, drogadictos o asistiendo a los presos en las cárceles.

Ya no es solo la orientación hacia el respeto de la fauna y flora, en los grupos ecológicos. Ahora se coordinan charlas para vincular el medio ambiente con una nueva actitud ciudadana, cívica. El medio ambiente como un hecho de manifestación política. También en el rescate y amparo de las mascotas abandonadas (perros y gatos).

Otros grupos han dedicado sus esfuerzos para atender escuelas. Fortalecer los vínculos escuela-comunidad. Una nueva pedagogía donde los valores y principios se correspondan con la tradición de la cultura venezolana.

También están los grupos de acción social dirigidos a la atención de enfermos en los hospitales. Esos ciudadanos se coordinan con equipos de voluntarios que recogen información, tanto dentro como fuera del país, para lograr donaciones de medicinas, materiales y equipos médicos. La actividad sociosanitaria es de las más riesgosas. Sobre todo, para la atención de la población de enfermos con patologías severas.

Para estos voluntarios su actividad la ven como un apostolado. Les conozco. Los saludo. Son rostros comunes. Están en las urbanizaciones, zonas populares, trabajan en empresas privadas pero hay muchísimos quienes hacen colectas, en instituciones del Estado.

Me sorprendo gratamente cada vez que sé de una asociación de vecinos, un centro de estudiantes, una pequeña empresa o cuando desde otro país, llega la ayuda tan ansiada. La arepa en forma de pastilla, ropa, insumos médicos, alimentos para recién nacidos.

Cada día aumenta el equipo de ciudadanos que se enrolan en la emergencia humanitaria para enfrentarla. Y quienes reciben la ayuda quedan impactados.

Apenas hace pocos días fui, junto con un grupo de voluntarios al sector de Pavia, al norte de Barquisimeto. Allí, en una escuela, nos esperaban los niños, cerca de cien, junto con jóvenes y adultos de la comunidad. Asistieron al encuentro para recibir una dieta de emergencia hiper calórica (sopa) con arepa y tizana (frutas). Sus rostros se iluminaban. Sus ojos desorbitados mientras extendían sus pequeños brazos para recibir el solidario alimento.

Después vendría el acompañamiento en juegos recreativos, pedagógicamente dirigidos, para fortalecer valores. Desde aprender a dar las gracias hasta aprender a trabajar en grupo. Son millones de niños sometidos al obsceno drama de la desnutrición. Sin embargo, este como otros muchos grupos, formados como asociaciones, ONG’s, con múltiples y originales nombres, están respondiendo en la práctica.

Casi todos, de acuerdo con la línea de acción social que tengan, están coordinados aunque su trabajo sea autónomo en el sitio donde laboran. Pero saben que no están solos. Las comunidades donde están realizando su labor solidaria les abren gustosamente las puertas. Entran a sus hogares. Se encuentran en  las escuelas, plazas, donde detectan, junto con los miembros de esas comunidades, las necesidades más urgentes.

Incluso existen partidos políticos que han permitido a sus militantes hacer labor social. Porque la emergencia humanitaria es un gigantesco monstruo que de manera lenta pero con paso profundo, avanza y está dejando secuelas irreversibles en el cuerpo social.

La sociedad de la solidaridad, del voluntariado y de la atención a los más desvalidos, cada día se siente y palpa en sus soluciones. Con ella viene un nuevo ciudadano, que renace desde la raíz profunda de la venezolanía.

Absolutamente comprometido con su entorno social. Que lidera proyectos de cambios reales. Acostumbrado a trabajar en equipo y enseñando con su ejemplo.

Creo fervorosamente en este venezolano. Solidario, amoroso, virtuoso, alegre, responsable y respetuoso.

Por: Juan Guerrero / @camilodeasis

camilodeasis@hotmail.com