Daniel Asuaje: Agarra ese Trump en la uña

 

En las primeras de cambio como presidente el señor Trump ha continuado exhibiendo un estilo oratorio locuaz, pugnaz e intemperante. Con este estilo afirmó hace poco que N. Maduro y Cabello deberían estar presos. Por esta declaración podríamos pensar que el gobierno norteamericano desarrollaría una política pugnaz en contra de los gobernantes venezolanos. Estas señales mueven a preguntarnos si Trump buscará o no hacer salir al chavismo del gobierno o si más bien  consentirá su permanencia.

Responder esta pregunta requiere revisar especificidades de la política exterior norteamericana y de las orientaciones de los republicanos. Se atribuye a varios políticos la paternidad de la frase las naciones no tienen amigos, sólo intereses. A esta frase debería añadirse complementariamente que tampoco tienen valores, sino conveniencias. La narrativa norteamericana, según si el gobierno es republicano o demócrata, enfatiza más o menos su condición de defensores de la libertad y la democracia, que su diplomacia pondera si los gobiernos son o no corruptos, violadores de los derechos humanos, si están o no vinculados con el narcotráfico o el terrorismo. La historia brinda bastantes ejemplos tanto de enfrentamiento como de tolerancia a gobiernos non sancta, al menos en cuanto a corrupción y derechos humanos se refieren. En el caso venezolano el gobierno de Obama privilegió la estabilidad  del gobierno de Maduro por encima de sus valores demolibertarios  y por encima de las sospechas de estar el gobierno incurso en delitos graves. Obama necesitaba que Venezuela siguiera sosteniendo a Cuba mientras la economía cubana arrancara. También necesitaban a Maduro para apuntalar el proceso de paz colombiano.

Ya no está Obama. Los republicanos suelen ser tradicionalmente vistos como más enfrentados a los gobiernos izquierdista que los demócratas. Por ello podría esperarse la apertura de una etapa de tensiones entre Washington y Caracas. Algunos analistas señalan que hay presidentes norteamericanos más orientados hacia intereses generales-nacionales mientras otros lo son más fuertemente a interese corporativos. Trump electoralmente no representa a una mayoría nacional amplia. De hecho representa a algo menos de la mitad de los electores (hay que recordar que en votos Clinton resultó más favorecida que Trump). Gobierna sobre una sociedad dividida y su discurso y posturas amenazan con dividirla y crisparla mucho más. Se le asocia muy vinculado a intereses corporativos, en particular a los del complejo industrial militar y a los intereses petroleros norteamericanos.

Trump afirma que va a revisar los acuerdos con La Habana. Cualquier retracto en este sentido apuntala la conveniencia de dejar a Maduro gobernando. Ambos exacerbarán las peleas de micrófonos, pero seguirán colaborando de facto el uno con el otro. Maduro apuesta a una recuperación de los precios petroleros. El mismo interés que al parecer tienen las petroleras  americanas. Un cambio de gobierno significaría la recuperación de PDVSA y más petróleo en el mercado, lo cual si bien requiere tiempo, al final mayor oferta de crudo presiona hacia la baja de los precios.

Pero no todo es favorable a Maduro. Para  los jerarcas rusos y norteamericanos actuales China es una presencia política y económicamente incómoda, Venezuela es su aliada energética, y su deudor  financiero. Todo lo que golpee a Venezuela en principio también golpea a China. Pero la cercanía de Maduro a Putin, por otro lado,  puede servir de escudo protector ante Trump. En este juego de poderes Venezuela y Maduro pueden ser monedas de negociación, sin que los venezolanos ni su gobierno seamos consultados.

Para que Maduro sea funcional a los intereses petroleros norteamericanos necesita controlar férreamente al país: tanto a  la disidencia, como a los posibles focos de perturbación social.  La actual debilidad opositora, por su fragmentación, ausencia de ruta coherente y sus conflictos internos, abona para que Maduro realice vueltas adicionales a la asfixia institucional de la disidencia. Aunque quien sabe si ahora El-Aissami apriete las gargantas políticas de Maduro y Cabello, como pareciera estar pasando. Hay quienes creen que a El-Aissami le transfirieron poderes por la confianza que Maduro le tiene. La otra lectura es que es el precio pagado por su apoyo. Pero como se sabe, también las facciones tienen más intereses que amigos. P. López es un factor que no se sabe bien en cual lado de la ecuación está.

Como  puede inferirse de lo anterior el futuro del país no está escrito, al menos todavía aunque haya voluntades empeñadas en hacerlo. La mejor hoja de ruta puede ser víctima de un cisne negro. En nuestro caso se trata de un huracán social que amenaza estallar a pesar del férreo control social que ensaya el gobierno, un período de perturbaciones sociales podría sobrevenir irradiando entropía en la región. Esto podría desbaratar todos los planes. Veamos si es verdad que ese Trump en la uña tataratea.

Daniel Asuaje

dh.asuaje@gmail.com                                                              

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